Los que hayan leído el Nuevo Testamento seguramente recuerdan estas palabras: "El que escandalizare a uno de estos pequeños más le valdría que le atasen una piedra de molino al cuello y lo echasen al mar". Es probable que sea el único fragmento del Nuevo Testamento que se pueda interpretar como una apología de la pena de muerte. Es más, las mismas palabras se encuentran en los evangelios de San Mateo, San Marcos y San Lucas:
San Mateo 18:6 "Y cualquiera que escandalizare á alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le anegase en el profundo de la mar."
San Marcos 9:42 "Y cualquiera que escandalizare á uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le fuera si se le atase una piedra de molino al cuello, y fuera echado en la mar."
San Lucas 17:2 "Mejor le fuera, si le pusiesen al cuello una piedra de molino, y le lanzasen en el mar, que escandalizar á uno de estos pequeñitos."
San Mateo 18:6 "Y cualquiera que escandalizare á alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le anegase en el profundo de la mar."
San Marcos 9:42 "Y cualquiera que escandalizare á uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le fuera si se le atase una piedra de molino al cuello, y fuera echado en la mar."
San Lucas 17:2 "Mejor le fuera, si le pusiesen al cuello una piedra de molino, y le lanzasen en el mar, que escandalizar á uno de estos pequeñitos."
Así pues, es evidente que Jesús consideraba la pedofilia uno (sino el peor) de los crímenes imaginables, y por ello merecía el castigo más severo.
La Iglesia deben tener esto en cuenta. En primer lugar, porque el mayor perjudicado por los casos de pedofilia, después de las víctimas y sus familias, es la propia Iglesia. Y no me refiero sólo al daño en su imagen pública sino también al daño moral. Los pedofilos son como células cancerígenas que pueden pudrir la Iglesia desde dentro.
¿Qué debe hacer la Iglesia con estos casos? En primer lugar, y como es lógico, debe entregar a los culpables a la justicia. En caso de demostrarse su culpabilidad, deben ser expulsados de la Iglesia. Y además la Iglesia debería presentarse como parte en la acusación, y exigir para ellos la máxima pena que contemple la legislación vigente. Porque las palabras de Jesús son claras al respecto: máximo cástigo.
Respecto a los acuerdos extrajudiciales, son recomendables para llegar a acuerdos respecto a la responsabilidad civil subsidiaria de la Iglesia, pero nunca deben realizarse para "tapar" ningún caso.
Análisis aparte merecen los miembros de la Iglesia que, sin haber participado en los abusos cometidos, pero siendo conocedores, los taparon por miedo al escándalo. Los autores de los abusos pueden alegar enfermedad, aunque eso no debe suponer ninguna reducción en su cástigo; pero los que los ocultaron sólo pueden alegar cobardía. Y la cobardía es lo diametralmente opuesto a la esencia del cristianismo; recordemos que Jesúcristo dió su vida por los hombres.
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