La visita del Papa está generando una serie de críticas entre ciertos sectores de la sociedad. Ciertamente son los mismos de siempre, contenos de no tener que repetir alguna de sus consignas recurrentes ("La culpa de toso la tiene la Iglesia", "Todos los curas son pederastas", etc.); así pues, durante unas semanas se escandalizarán gozosamente de los "fastos" desplegados para recibir al Papa.
En primer lugar hay que aclarar que gastos paga el Estado y cuales los organizadores; el Estado sólo correra a cargo de los gastos en seguridad y centro de prensa, quedando el resto en manos de los organizadores. Partiendo de este punto, suponemos que los críticos "permitirán", en un alarde de generosidad democrática ejemplar, que los organizadores se gasten lo que les parezca conveniente en organización.
Ante todo, estos críticos olvidan, en muchos casos voluntariamente, que el Papa es un Jefe de Estado [Wikipedia] y, como tal, el Estado que visita está obligado a garantizar su seguridad, como se hace con todos los jefes de Estado. Curiosamente la mayoría de estas voces sólo se han alzado con la visita del Papa.
En los últimos días muchos se han sorprendido de que no se criticase la visita de Michelle Obama por España, y los costes de seguridad y logística que tuvo para el erario público español, y en cambio sí se critique la visita del Papa, con el agravante que Michelle Obama no ostenta ningún cargo público, es tan sólo la esposa de un Jefe de Estado.
Si la visita de Michelle Obama fue celebrada por la publicidad que iba a representar para las ciudades que pisó a nivel mundial, ¿se han parado a pensar los críticos lo que representa para Barcelona y Santiago la vistita el Papá? Si la Sagrada Familia y la Catedral de Santiago ya son dos de los monumentos más conocidos de España, el impulso que puede representar la visita del Papa es extraordinaria.
Otras voces han recordado los costes que tiene la organización de diversos eventos, culturales, deportivos, etc., sobre los que nadie se escandaliza. Dirán que ninguno tiene el coste de la visita del Papa, pero tampoco ninguno tendrá su número de asistentes; seguramente en relación costes/visitantes la visita del Papa
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