"...no estamos para la algarabía, el lío, la disputa y la polémica"
Mariano Rajoy, 10/09/2012.
Los políticos en general, y los españoles en particular, son especialistas en realizar interpretaciones interesadas de cualquier suceso. No estamos mucho mejor en lo referente al periodismo. Son pocos los periodistas del estado español que puedan presumir de una profesionalidad e imparcialidad contrastada.
No se puede ignorar una manifestación de un millón y medio de personas (dato dado por bueno por los principales medios internacionales). Los calificaticos utilizados por Rajoy (algarabía, lío), el día antes de una manifestación que ya se preveía masiva, demuestra la escasez de miras de los mandatarios españoles.
Si aceptamos el millón y medio de asistentes (si quieren cuenten uno, el resultado será el igual de definitivo), representa la quinta parte de la población de Catalunya - A nivel estatal (sobre una población de 47 millones de habitantes) equivaldría a una manifestación de ¡más de nueve millones de participantes! Pura algarabía...
La respuesta de la mayoría de medios de alcance estatal aun ha sido más patética: salvo El País, todos han intentado convertir la marcha en una muestra de radicalidad (¿cómo puede ser radical una marcha con uno de cada cinco ciudadanos de un territorio?): o el resultado de una conspiración judeo-masónica organizada por CiU, la burguesía barcelonesa, u otros (ponga aquí su demonio personal). O no tienen ni idea de lo que ha sucedido las últimas decadas en Catalunya (probable) o no les importa un pimiento.
Me parece tema para un estudio interesantísimo la evolución del independentismo catalán en los últimos veinticinco años: desde la minoria invisible hasta la mayoría cívica. Pero aun me parece más interesante cómo el estado español ha sido, es, ¿y será?, incapaz de entender qué sucede en Catalunya.
La explicación es bastante obvia: 500 años de catalanofobia impiden ahora ningún gesto de comprensión hacia Catalunya, y empujan a ésta hacia la independencia.
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