No siempre fuí independentista. De hecho, hace relativamente poco que estoy convencido que la independencia es la mejor solución.
Supongo que lo más cómodo para el nacionalismo español es pensar que me han lavado el cerebro. Decir que no ha sido así, supongo que no convencerá a los defensores de la teoría de la conspiración. A pesar de todo, voy a razonarlo.
No pudo ser en la escuela, porque la mayor parte de mi educación tuvo lugar en un colegio privado de Fomento de centros de enseñanza, nada sospechoso de fomentar el nacionalismo catalán. Entonces fue durante la educación universitaria, pensarán. Tampoco, durante el estudio de una ingeniería, salvo que fuesen mensajes subliminales (como los de "El club de la lucha") tampoco hubo lugar para el adoctrinamiento.
Sólo queda la televisión. También resulta difícil pues, por motivos de trabajo, he pasado tanto tiempo en Catalunya como fuera; y por tanto he disfrutado/sufrido por igual los medios de comunicación de dentro y fuera de Catalunya.
Así pues, hasta que se demuestre que el nacionalismo catalán ha inoculado el virus independentista mediante fumigación aérea, no aceptaré ser víctima de ningún lavado de cerebro.
Entonces, ¿qué motivos me han llevado al convencimiento de que la mejor salida es la independencia?
Obviamente, tanto para mí como para una gran cantidad de catalanes, el punto de inflexión fue la sentencia sobre el Estatut. No nos engañemos, el nuevo Estatut no suponía ninguna revolución ni ruptura, simplemente reformolaba los mismos puntos que habían regido la relación entre Catalunya y España en los últimos años, entre ellos el bilingüismo. La sentencia del Estatut, no sólo intenta acabar con esa paz social existente en Catalunya (y reabrir el conflicto lingüístico) sinó que, más allá del contenido del Estatut, ataca directamente la voluntad del pueblo catalán. Es decir, incluso no estando de acuerdo con algunos de los artículos del Estatut, cualquier catalán autenticamente democrata debería verse insultado porque el Estatut que Catalunya aprobó democráticamenente, sea mutilado por ur órgano de Madrid escasamente legitimado.
En primer lugar, está la cuestión cultural. Si Catalunya forma parte de España es inevitable que la lengua catalana termine desapareciendo. Será una cuestión de 20, 50, 100 o 300 años pero es ineveitable. Un familiar suele responderme que, si hemos conseguido mantener la lengua hasta ahora, no tiene porque desaparecer en el futuro. Mi argumento es el complementario: que haya sobrevivido hasta ahora, no garantiza que sobreviva en el futuro. Llegará el día en que el anhelo de cierto nacionalismo español de conseguir la uniformidad lingüística de España se cumpla, y entonces no habrá vuelta atrás.
En segundo lugar, está el aspecto económico. No vamos a entrar a discutir cuál es exactamente el porcentaje de la aportación de Catalunya a España que no regresa, pero creo que es indudable que es mucho más de lo que resulta soportable económicamente por Catalunya, a no ser que lo que se prentenda sea descapitalizar esa región. No creo ni por un momento, ni lo cree que casi ningún independentista, que la independencia vaya a convertir Catalunya en El Dorado al día siguiente. Obviamente que será difícil. Pero tampoco me cabe ninguna duda de que a largo plazo (20-30 años) la situación económica de Catalunya será muchísimo mejor si es independiente que si no lo es.
Obviamente, habrá catalanes que piensen que es mejor seguir como estamos que "sufrir" durante veinte años, es decir, sacrificarse por el futuro de nuestros hijos. Creo que ahí radica, en parte, lo que llaman el "hecho diferencial"
Tenemos la cuestión de la convivencia. En los últimos días, se han recuperado las palabras de Ortega y Gasset en su discuro sobre el Estatuto de Cataluña en las Cortes Constituyentes en 1932: "Digo, pues, que el problema catalán es un problema que no se puede resolver, que sólo se puede conllevar; que es un problema perpetuo, que ha sido siempre, antes de que existiese la unidad peninsular y seguirá siendo mientras España subsista; que es un problema perpetuo, y que a fuer de tal, repito, sólo se puede conllevar". Desde tiempos de Quevedo hasta el presente, el anticatalanismo ha estado más o menos enquistado en la sociedad española. Muchos políticos (por ejemplo en los últimos días, el señor Monago) han recurrido al anticatalanismo para recolectar votos. La situación no ha mejorado en 500 años, y nada nos hace creer que vaya a mejorar en el futuro. En cambio, irónicamente, tal vez la independencia mejore esta relación. Tomen el ejemplo de la relación España-Francia: hace doscientos años estaban en guerra y ahora conviven como buenos vecinos. Tal vez tras la independencia España y Catalunya comiencen una guerra fría, pero, dentro de 200 años, seguramente tengamos una relación de buenos vecinos que parece imposible en la actual relación.
Y en último lugar, otro argumento a favor de la independencia de peso son los argumentos de los que están en contra de la independencia. Y es que, casi todos ellos, acertados o no, recurren al miedo, al miedo a la independencia. Y sinceramente, no me parece que el miedo sea el mejor motivo, ni siquiera un buen motivo, para prolongar una situación. Las plagas bíblicas que pueden caer sobre Catalunya si se independiza van desde lo obvio e inevitable (boicot por parte de los consumidores españoles) hasta lo altamente improbable (como la exclusión de la UE y/o del euro). Todos los motivos han sido adecuadamente analizados/rebatidos por personas mucho más competentes que yo, y no voy a dedicar tiempo a ello.
Otro argumento bastante curioso en contra de la independencia, es el que pretende establecer que en una hipotética consulta sobre la independencia de Catalunya, deberían votar todos los ciudadanos del estado español, cosa que, además de oponerse a los principios más simples del derecho internacional, carece de todo sentido común (ninguna región se habría independizado jamás si todos los ciudadanos del estado original hubiesen podido votar).
Finalmente, la relación entre Catalunya y España debería fundamentarse en dos pilares: justicia económica y respeto. Alguien puede pensar que, con un trato económico justo (pacto fiscal o equivalente) la situación sería aceptable. Pero ese trato económico justo provocará una reacción anticatalana en el resto de regiones del Estado. Es decir, aunque el brazo económico de la balanza se inclinará a favor de la pertenencia, el brazo del respeto se elevará hacia la ruptura. Los defensores del pacto fiscal pueden pensar que, con un trato económico justo, no tiene importancia lo que piensen en el resto del Estado de los catalanes. Sinceramente, en ese caso, ¿no es mejor estar solos?
Supongo que lo más cómodo para el nacionalismo español es pensar que me han lavado el cerebro. Decir que no ha sido así, supongo que no convencerá a los defensores de la teoría de la conspiración. A pesar de todo, voy a razonarlo.
No pudo ser en la escuela, porque la mayor parte de mi educación tuvo lugar en un colegio privado de Fomento de centros de enseñanza, nada sospechoso de fomentar el nacionalismo catalán. Entonces fue durante la educación universitaria, pensarán. Tampoco, durante el estudio de una ingeniería, salvo que fuesen mensajes subliminales (como los de "El club de la lucha") tampoco hubo lugar para el adoctrinamiento.
Sólo queda la televisión. También resulta difícil pues, por motivos de trabajo, he pasado tanto tiempo en Catalunya como fuera; y por tanto he disfrutado/sufrido por igual los medios de comunicación de dentro y fuera de Catalunya.
Así pues, hasta que se demuestre que el nacionalismo catalán ha inoculado el virus independentista mediante fumigación aérea, no aceptaré ser víctima de ningún lavado de cerebro.
Entonces, ¿qué motivos me han llevado al convencimiento de que la mejor salida es la independencia?
Obviamente, tanto para mí como para una gran cantidad de catalanes, el punto de inflexión fue la sentencia sobre el Estatut. No nos engañemos, el nuevo Estatut no suponía ninguna revolución ni ruptura, simplemente reformolaba los mismos puntos que habían regido la relación entre Catalunya y España en los últimos años, entre ellos el bilingüismo. La sentencia del Estatut, no sólo intenta acabar con esa paz social existente en Catalunya (y reabrir el conflicto lingüístico) sinó que, más allá del contenido del Estatut, ataca directamente la voluntad del pueblo catalán. Es decir, incluso no estando de acuerdo con algunos de los artículos del Estatut, cualquier catalán autenticamente democrata debería verse insultado porque el Estatut que Catalunya aprobó democráticamenente, sea mutilado por ur órgano de Madrid escasamente legitimado.
En primer lugar, está la cuestión cultural. Si Catalunya forma parte de España es inevitable que la lengua catalana termine desapareciendo. Será una cuestión de 20, 50, 100 o 300 años pero es ineveitable. Un familiar suele responderme que, si hemos conseguido mantener la lengua hasta ahora, no tiene porque desaparecer en el futuro. Mi argumento es el complementario: que haya sobrevivido hasta ahora, no garantiza que sobreviva en el futuro. Llegará el día en que el anhelo de cierto nacionalismo español de conseguir la uniformidad lingüística de España se cumpla, y entonces no habrá vuelta atrás.
En segundo lugar, está el aspecto económico. No vamos a entrar a discutir cuál es exactamente el porcentaje de la aportación de Catalunya a España que no regresa, pero creo que es indudable que es mucho más de lo que resulta soportable económicamente por Catalunya, a no ser que lo que se prentenda sea descapitalizar esa región. No creo ni por un momento, ni lo cree que casi ningún independentista, que la independencia vaya a convertir Catalunya en El Dorado al día siguiente. Obviamente que será difícil. Pero tampoco me cabe ninguna duda de que a largo plazo (20-30 años) la situación económica de Catalunya será muchísimo mejor si es independiente que si no lo es.
Obviamente, habrá catalanes que piensen que es mejor seguir como estamos que "sufrir" durante veinte años, es decir, sacrificarse por el futuro de nuestros hijos. Creo que ahí radica, en parte, lo que llaman el "hecho diferencial"
Tenemos la cuestión de la convivencia. En los últimos días, se han recuperado las palabras de Ortega y Gasset en su discuro sobre el Estatuto de Cataluña en las Cortes Constituyentes en 1932: "Digo, pues, que el problema catalán es un problema que no se puede resolver, que sólo se puede conllevar; que es un problema perpetuo, que ha sido siempre, antes de que existiese la unidad peninsular y seguirá siendo mientras España subsista; que es un problema perpetuo, y que a fuer de tal, repito, sólo se puede conllevar". Desde tiempos de Quevedo hasta el presente, el anticatalanismo ha estado más o menos enquistado en la sociedad española. Muchos políticos (por ejemplo en los últimos días, el señor Monago) han recurrido al anticatalanismo para recolectar votos. La situación no ha mejorado en 500 años, y nada nos hace creer que vaya a mejorar en el futuro. En cambio, irónicamente, tal vez la independencia mejore esta relación. Tomen el ejemplo de la relación España-Francia: hace doscientos años estaban en guerra y ahora conviven como buenos vecinos. Tal vez tras la independencia España y Catalunya comiencen una guerra fría, pero, dentro de 200 años, seguramente tengamos una relación de buenos vecinos que parece imposible en la actual relación.
Y en último lugar, otro argumento a favor de la independencia de peso son los argumentos de los que están en contra de la independencia. Y es que, casi todos ellos, acertados o no, recurren al miedo, al miedo a la independencia. Y sinceramente, no me parece que el miedo sea el mejor motivo, ni siquiera un buen motivo, para prolongar una situación. Las plagas bíblicas que pueden caer sobre Catalunya si se independiza van desde lo obvio e inevitable (boicot por parte de los consumidores españoles) hasta lo altamente improbable (como la exclusión de la UE y/o del euro). Todos los motivos han sido adecuadamente analizados/rebatidos por personas mucho más competentes que yo, y no voy a dedicar tiempo a ello.
Otro argumento bastante curioso en contra de la independencia, es el que pretende establecer que en una hipotética consulta sobre la independencia de Catalunya, deberían votar todos los ciudadanos del estado español, cosa que, además de oponerse a los principios más simples del derecho internacional, carece de todo sentido común (ninguna región se habría independizado jamás si todos los ciudadanos del estado original hubiesen podido votar).
1 comment:
que nos devuelvan el dinero que nos pertenece; en caso contrario: independencia.
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