Antes que nada quisiera expresar que no considero legítimo ni justificable impedir la entrada de cargos públicos elegidos democráticamente a una sede parlamentaria.
Ahora bien, aceptando que se trate de una acción reprobable, ¿fue proporcionada la reacción de la clase política?
Comparar los incidentes de ayer con la persecución sufrida por los judíos bajo el régimen nazi, o con el 23F es de una levedad bochornosa y repugnante.
La reacción de la mayoría de políticos resulto sorpredentemente dramática, más propia de una mala opereta que de profesionales aspirantes a estadistas. Las palabras de Mas mostraban perfectamente la consideración que tienen de sí mismos nuestros políticos, no de servidores públicos sinó de auténticos seres "elegidos".
Mas habló también de "violencia extrema", otra muestra de dialéctica vacía. Si esto es violencia extrema, ¿qué fue lo de Plaça Catalunya?
Totalmente condenable fue la actitud de ciertos manifestantes con Montserrat Tura, Marina Geli i Joan Boada (personaje al que en este blog hemos criticado en más de una ocasión). Pero el resto no sufrieron más que abucheos e insultos. Pueden no gustarles, pero que no intenten convertirlos en agresiones.
Y por último, ¿de verdad no era posible garantizar la entrada de los parlamentarios? Sabiendo desde el día anterior que los manifestantes planeaban bloquear la entrada de los parlamentarios, habiéndose manifestado la noche anterior e incluso pernoctado unos cuantos de ellos, ¿de verás era tan difícil preveer un dispositivo suficiente para garantizar la entrada? Es la segunda ocasión que Felip Puig comete un error inaceptable de cálculo. Demasiado pora unos pocos meses. Y aun existe una opción peor, que no se tratase de un error de cálculo.
Ahora bien, aceptando que se trate de una acción reprobable, ¿fue proporcionada la reacción de la clase política?
Comparar los incidentes de ayer con la persecución sufrida por los judíos bajo el régimen nazi, o con el 23F es de una levedad bochornosa y repugnante.
La reacción de la mayoría de políticos resulto sorpredentemente dramática, más propia de una mala opereta que de profesionales aspirantes a estadistas. Las palabras de Mas mostraban perfectamente la consideración que tienen de sí mismos nuestros políticos, no de servidores públicos sinó de auténticos seres "elegidos".
Mas habló también de "violencia extrema", otra muestra de dialéctica vacía. Si esto es violencia extrema, ¿qué fue lo de Plaça Catalunya?
Totalmente condenable fue la actitud de ciertos manifestantes con Montserrat Tura, Marina Geli i Joan Boada (personaje al que en este blog hemos criticado en más de una ocasión). Pero el resto no sufrieron más que abucheos e insultos. Pueden no gustarles, pero que no intenten convertirlos en agresiones.
Y por último, ¿de verdad no era posible garantizar la entrada de los parlamentarios? Sabiendo desde el día anterior que los manifestantes planeaban bloquear la entrada de los parlamentarios, habiéndose manifestado la noche anterior e incluso pernoctado unos cuantos de ellos, ¿de verás era tan difícil preveer un dispositivo suficiente para garantizar la entrada? Es la segunda ocasión que Felip Puig comete un error inaceptable de cálculo. Demasiado pora unos pocos meses. Y aun existe una opción peor, que no se tratase de un error de cálculo.


