El problema del ecologismo en general (el problema del ecologismo en España es su unión con IU, por una de estas asociaciones propias de la concepción adolescente de la progresía española), es la dificultad de mantener un equilibrio entre los principios ecologistas y los principios más básicos de la sociedad occidental.
Así como, muchas organizaciones ecologistas han intentado mantener una cierta coherencia en sus iniciativas (entre ellos, los ecologistas de algunos paises europeos). Por contra los ecologistas españoles, seguramente muy influidos por su pertenencia a IU, no consiguen ofrecer una imagen seria a la opinión pública.
Ejemplos de ello son las constantes protestas en referencia a casi cualquier proyecto energético. La energía nuclear es obra del demonio y se deben potenciar las energías de fuentes renovables. Pero cada vez que se presenta un proyecto de energía eólica (por poner el ejemplo de la energía renovable más productiva) se oponen a él por razones paisajísticas o de otra índole.
Un caso que, en mi opinión, demuestra la incoherencia de IU es su relación con los transgénicos.
Benedicto XVI fue víctima de ataques furibundos por parte de la izquierda española por su oposición al uso de anticonceptivos para luchar contra el SIDA en África. Es cierto, que son unas declaraciones equivocadas y criticables, pero lo curioso es que los mismo que le atacaron se oponen totalmente a la plantación de cereales transgénicos.
Es de todos conocido que no existe ningún estudio científico que demuestre que los transgénicos tienen algún tipo de efecto nocivo sobre la salud humana. Y lo que es indudable es que, por su productividad, por su resistencia a plagas, por su menor necesidad hídrica, etc., son la mejor solución (o, al menos, la mejor arma) para luchar contra el hambre en África.
Tal vez en Europa podemos permitirnos el uso o no de transgénicos, pero en África no tienen esa suerte.
Así como, muchas organizaciones ecologistas han intentado mantener una cierta coherencia en sus iniciativas (entre ellos, los ecologistas de algunos paises europeos). Por contra los ecologistas españoles, seguramente muy influidos por su pertenencia a IU, no consiguen ofrecer una imagen seria a la opinión pública.
Ejemplos de ello son las constantes protestas en referencia a casi cualquier proyecto energético. La energía nuclear es obra del demonio y se deben potenciar las energías de fuentes renovables. Pero cada vez que se presenta un proyecto de energía eólica (por poner el ejemplo de la energía renovable más productiva) se oponen a él por razones paisajísticas o de otra índole.
Un caso que, en mi opinión, demuestra la incoherencia de IU es su relación con los transgénicos.
Benedicto XVI fue víctima de ataques furibundos por parte de la izquierda española por su oposición al uso de anticonceptivos para luchar contra el SIDA en África. Es cierto, que son unas declaraciones equivocadas y criticables, pero lo curioso es que los mismo que le atacaron se oponen totalmente a la plantación de cereales transgénicos.
Es de todos conocido que no existe ningún estudio científico que demuestre que los transgénicos tienen algún tipo de efecto nocivo sobre la salud humana. Y lo que es indudable es que, por su productividad, por su resistencia a plagas, por su menor necesidad hídrica, etc., son la mejor solución (o, al menos, la mejor arma) para luchar contra el hambre en África.
Tal vez en Europa podemos permitirnos el uso o no de transgénicos, pero en África no tienen esa suerte.

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