Tuesday, March 2, 2010

La farsa de la seguridad en los aeropuertos


Cualquiera que haya volado en los últimos años habrá sufrido las crecientes medidas de seguridad. Detector de metales, todos los objetos personales en una bandeja de plástico (incluido cinturón), mujeres descalzas por llevar zapatos de tacón, líquidos de menos de 100ml en una bolsa de plástico transparente... Todo totalmente arbitrario y ridículo.

Aun así, en la mayoría de encuestas los pasajeros aprueban estas medidas en aras de una mayor seguridad.

En realidad, todas estas medidas no sirven prácticamente para nada, salvo para dar a los pasajeros una falsa sensación de seguridad. Cometer un atentado es lamentablemente fácil, en el momento en que alguien deja de considerar que la vida humana tiene valor, o en nombre de su fe, justifica la muerte de los que tienen una religión distinta. Para asesinar a cientos, no es necesario secuestrar un avión o estrellarlo contra un rascacielos. Lo vimos en Atocha. El riesgo cero de sufrir un atentado no existe y debemos hallar el equilibrio entre garantizar la seguridad y la dignidad de los pasajeros.

En primer lugar, los controles de seguridad los llevan a cabo, en la mayoría de los casos, empresas de seguridad privadas. Es decir, trabajadores del sectro privado con escasa preparación reciben de los Estados la facultad de decidir, con casi total arbitrariedad, qué puede y qué no puede subirse a un avión.

El tema de los líquidos es especialmente curioso, rayando a veces el absurdo. En un vuelo de regreso de Sofia (Bulgaria) vi confiscar un tarró de mermelada de la famosa Rosa de Bulgaria. Aparte de la evidencia de que la mermelada no es un líquido, en todo caso se trataría de un fluido. Pero además se da la paradoja de que en el mismo tarro de mermelada, la medida de cantidad utilizada era el de peso (en gramos), no el de volumen (en mililitros). Así pues, mientras el ministerio de comercio o industria considera que la mermelada no es un líquido, el ministerio de interior considera que sí es un líquido (o, al menos, un sujeto con potestad concedida por dicho ministerio) así lo decide.

En otro vuelo, desde Berlin, concretamente desde el aeropuerto de Schönefeld, unos especialmente maleducados "agentes" de seguridad confiscaron un tarro de gomina a una persona y obligaron a otras dos a "adquirir" (es decir comprar) unas bolsas de plástico transparentes donde introducir los líquidos que transportaban... Eso sí, después de ya haber pasado el control de seguridad. Además el precio de las bolsas era de un euro; es decir unas bolsas de plástico transparentes de coste de fabricación probablemente menor a 0,05 euros son impuestas a todos los pasajeros que transportan cualquier cantidad de líquidos (menor de 100ml, claro) a un precio de 1 euro. Sí, señor, un negocio perfecto (aunque tenga más de chantaje que de negocio legal).

Otra cuestión interesante es que la práctica de controlar el acceso de líquidos al avión se estuvo aplicando ILEGALMENTE durante seis años. Esto es debido a que no existía un reglamento que regulase esta normativa, y así lo dictamino el tribunal de la UE [La Vanguardia].

Las conclusiones de la abogada general del Tribunal de Justicia de la UE, Eleanor Sharpston, son demoledoras. La deliberada decisión de no publicar la lista de artículos prohibidos en el equipaje de mano "es un vicio de tal gravedad que no puede ser tolerado por el ordenamiento jurídico comunitario", defiende."

Justamente, al mismo tiempo que el Tribunal de la UE dictaminaba que dicha práctica era ilegal, se publicaba dicha normativa para poder seguir confiscando a placer.

Además, ¿por qué se prohiben líquidos o se escanean zapatos? La teoría es que se detectó que comandos terroristas planeaban utilizar estos sistemas para atentar en aviones.

Pero de estos comandos nunca más se supo, la mayoría fueron absultos por falta de pruebas. Nunca sabremos con qué pruebas fueron detenidos, si realmente planeaban atentar con explosivos líquidos, si los tenían o no, si eran efectivos o no...
Lo mismo sucede con los explosivos en los tacones de zapatos. Es de sentido común que un explosivo escondido en tal lugar no puede tener la potencia suficiente para provocar la caida de un avión, a no ser que se trate de un explosivo de última generación, el cual probablemente tampoco sería detectado en los controles de seguridad.

La gran mayoría de la población aprueba los crecientes controles de seguridad. En cambio se suben a un coche con cualquiera: con alguien que ha bebido más de la cuenta, con conductores temerarios... Y aunque la probabilidad de morir en un accidente de coche es muchísimo mayor que la de morir en un accidente aéreo (no digamos ya, la de morir en un atentando terrorista en vuelo) protestan por el aumento de los controles de tráfico y se alegran del aumento de los controles aéreos...

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