"Todos somos culpables de la crisis".
Este es el principal mantra que los defensores del mercado (y algunos tertulianos mediocres) repiten sin cesar, para aplacar las exigencias (ya no de responsables) sinó sencillamente de explicación de porque hemos llegado a esta situación donde nuestra economía se tambalea al filo del abismo.
No niego que los ciudadanos tengamos nuestra parte de responsabilidad, pero sin duda, ésta es minúscula con la que les corresponde a bancos, cajas, políticos, y especialmente especuladores, agencias de calificación y compañía.
Hay dos motivos que bastan para desmontar esta excusa (porque no es otra cosa). El primero es que la responsabilidad siempre está en función de la información de que se dispone. Evidentemente los bancos y cajas, así como políticos y expertos, disponían de muchas más información que los ciudadanos comunes acerca de los peligros que nos acechaban, y de los problemas que el excesivo endeudamiento podían traer.
Y existe otra razón. Economistas como Xavier Sala i Martin no se cansan de repetir preguntas como "¿Acaso los bancos obligaron a la gente a firmar hipotecas que no podían devolver?". Y la respuesta obviamente es no. Pero existen otras reflexiones que debemos hacernos.
En primer lugar, cualquier empresa que no se preocupe de la fiabilidad de sus clientes, tarde o temprano quebrará. Los bancos no se preocuparon de la fiabilidad de sus clientes porque sabían que los ahorros del resto de clientes eran una garantía suficiente de que los políticos no les permitirían caer.
En segundo lugar, los bancos participaron en la burbuja inmobiliaria por partida doble. Usualmente sólo pensamos en los bancos cuando concedieron hipotecas a sus clientes que querían comprarse un piso. Pero nos olvidamos de que el banco ya había puesto su "granito de arena" en el crecimiento de la burbuja inmobiliaria: concediendo el dinero al constructor para que comprase los terrenos a precios desorbitados. Si en ese momento hubiesen moderado sus préstamos la burbuja inmoliria no habría crecido como lo hizo.
En tercer lugar, los bancos sabían (o debían saber) que la burbuja podía explotar. Nos repiten que nadie podía preveerla pero en "Inside Job" queda bastante claro que lo sabía y no hicieron nada, y aquí ya hemos hablado del caso español (aquí y aquí).
Este es el principal mantra que los defensores del mercado (y algunos tertulianos mediocres) repiten sin cesar, para aplacar las exigencias (ya no de responsables) sinó sencillamente de explicación de porque hemos llegado a esta situación donde nuestra economía se tambalea al filo del abismo.
No niego que los ciudadanos tengamos nuestra parte de responsabilidad, pero sin duda, ésta es minúscula con la que les corresponde a bancos, cajas, políticos, y especialmente especuladores, agencias de calificación y compañía.
Hay dos motivos que bastan para desmontar esta excusa (porque no es otra cosa). El primero es que la responsabilidad siempre está en función de la información de que se dispone. Evidentemente los bancos y cajas, así como políticos y expertos, disponían de muchas más información que los ciudadanos comunes acerca de los peligros que nos acechaban, y de los problemas que el excesivo endeudamiento podían traer.
Y existe otra razón. Economistas como Xavier Sala i Martin no se cansan de repetir preguntas como "¿Acaso los bancos obligaron a la gente a firmar hipotecas que no podían devolver?". Y la respuesta obviamente es no. Pero existen otras reflexiones que debemos hacernos.
En primer lugar, cualquier empresa que no se preocupe de la fiabilidad de sus clientes, tarde o temprano quebrará. Los bancos no se preocuparon de la fiabilidad de sus clientes porque sabían que los ahorros del resto de clientes eran una garantía suficiente de que los políticos no les permitirían caer.
En segundo lugar, los bancos participaron en la burbuja inmobiliaria por partida doble. Usualmente sólo pensamos en los bancos cuando concedieron hipotecas a sus clientes que querían comprarse un piso. Pero nos olvidamos de que el banco ya había puesto su "granito de arena" en el crecimiento de la burbuja inmobiliaria: concediendo el dinero al constructor para que comprase los terrenos a precios desorbitados. Si en ese momento hubiesen moderado sus préstamos la burbuja inmoliria no habría crecido como lo hizo.
En tercer lugar, los bancos sabían (o debían saber) que la burbuja podía explotar. Nos repiten que nadie podía preveerla pero en "Inside Job" queda bastante claro que lo sabía y no hicieron nada, y aquí ya hemos hablado del caso español (aquí y aquí).
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