Las últimas semanas nos han sacudido las noticias de ataques por parte de perros contra niños indefensos [04/06] [08/06].
Estos hechos siempre nos recuerdan las complejidades que presenta la convivencia entre los humanos y los perros...No, mejor dicho, entre los humanos y los dueños de perros.
En primer lugar quisiera aclarar que no todas las razas son iguales; ésto que es evidente para cualquiera que haya tenido un perro, puede no estar tan claro para aquellos que no han convivido con diferentes razas. Existen razas "estúpidas", como demuestra que más del 90% de los ataques contra niños sean protagonizados por unas pocas razas: rottweiler, pit bull, doberman, etc. ¿Por qué se trata de un problema de inteligencia? Pues porque los ataques de los perros se producen por que el perro considera a la víctima una amenaza, para él o para "su" territorio. Un perro "inteligente" sabe que un niño nunca supone una amenaza; sólo un perro "estúpido" puede cometer ese error.
Más allá de cuestiones de etología canina, lo más grave y preocupante es que existe una legislación, para regular la convivencia entre personas y perros, que no se cumple nunca.
En primer lugar los vozales; todos los propietarios de perros de las razas consideradas agresivas están obligados a ponerles bozal cuando los pasean por la calle, y un porcentaje importantísimo de ellos no lo hacen.
Y aun más importante, todos los perros están obligados a llevar el "chip" identificatorio y, ¿qué porcentaje de ellos realmente lo lleva?
Un perro sin identificar puede ser abandonado impunemente, lo cual supone que aumenta la probabilidad de que ataque a una persona o provoque un accidente de circulación, entre otros; además de suponer un atentado contra los derechos de los animales
La razón del incumplimiento de estas normativas es evidente: no existe prácticamente control sobre el tema. Si la policía realizase controles sobre la incorporación del chip y se sancionase a los que no lo llevan seguramente su uso sería mayor. Pero al igual que el bozal o la recogida de los excrementos, el control ejercido por la administración es, en la práctica, inexistente.
Un perro sin identificar puede ser abandonado impunemente, lo cual supone que aumenta la probabilidad de que ataque a una persona o provoque un accidente de circulación, entre otros; además de suponer un atentado contra los derechos de los animales
La razón del incumplimiento de estas normativas es evidente: no existe prácticamente control sobre el tema. Si la policía realizase controles sobre la incorporación del chip y se sancionase a los que no lo llevan seguramente su uso sería mayor. Pero al igual que el bozal o la recogida de los excrementos, el control ejercido por la administración es, en la práctica, inexistente.
