"Un caso de violación siempre es, en última instancia, la palabra de la víctima contra la del criminal. Hasta hace unos días, este era el caso de una camarera de hotel de 32 años, una inmigrante africana, pobre e indefensa, contra el director del Fondo Monetario Internacional y principal candidato a la presidencia de Francia. Ahora, el poderoso sigue ahí, con menos títulos y prestigio, pero aún con la credibilidad que conlleva pertenecer a la clase dirigente. Frente a él, en cambio, está ahora una mujer que mintió para mejorar su situación en EE UU y que estaba dispuesta a sacar provecho de su percance con Strauss-Kahn, una chica de mundo conectada con traficantes de drogas y que recibió misteriosamente un dinero que no se justifica con su salario en el hotel Sofitel, que ella había asegurado que era su única fuente de ingresos.
De todas las mentiras encontradas por la fiscalía y expuestas al juez que el viernes decidió la libertad sin fianza de Strauss-Kahn, es la del dinero -los 100.000 dólares de varios ingresos en Arizona, Nueva York, Georgia y Pensilvania a una cuenta a su nombre- la más difícil de explicar. El dinero es la razón para pensar en la intervención de una mano negra en este caso." [El País]
De todas las mentiras encontradas por la fiscalía y expuestas al juez que el viernes decidió la libertad sin fianza de Strauss-Kahn, es la del dinero -los 100.000 dólares de varios ingresos en Arizona, Nueva York, Georgia y Pensilvania a una cuenta a su nombre- la más difícil de explicar. El dinero es la razón para pensar en la intervención de una mano negra en este caso." [El País]