
En este blog siempre hemos criticado al gobierno socialista, y especialmente la cobardía política de Zapatero. Pero parece que desde que la crisis financiera ha puesto a España al borde del abismo, el presidente español ha encontrado el valor necesario para tomar decisiones impopulares pero necesarias. Sin duda han ayudado los ultimatums de la UE acerca de las reformas necesarias para poder disponer de las ayudas ecónomicas.
Además, en su momento criticamos la designación de José Blanco como Ministro de Fomento, calificando su elección como una de "las peores opciones" [en catalán]. Pero sin duda se ha demostrado mucho mejor ministro de lo esperado.
El último ejemplo ha sido la gestión del chantaje protagonizado por los controladores aéreos (de ahora en adelante, los contraladrones). Se ha criticado del Gobierno la oportunidad de la publicación del Real Decreto que, según los críticos, desencadenó la reacción de los controladrones. Como declaró Rubalcaba, el RD era una respuesta a los "indicios" detectados en algunos aeropuertos del norte de España durante toda la semana, que hacían presagiar un movimiento por parte de los controladrones. Hipotetizar sobre si la huelga salvaje protagonizada por éstos habría tenido o no lugar es un pasatiempo inútil y arriesgado. El hecho innegable es que estos pequeños dictadorzuelos respondieron a un recorte en sus privilegios con una acción salvaje, con una extorsión mafiosa cuyas consecuencias, aunque imposibles de evaluar en toda su magnitud, se sentirán en la economía española durante meses (y quien sabe si el daño será irresparable).
El "problema de los controladores" era un conflicto pendiente de resolver, creado por los sucesivos gobiernos españoles (entre ellos el de Aznar, que presumía de su valor político) y al que sólo José Blanco, seguramente forzado por las dificultades ecónomicas, se ha atrevido a poner fin.
Sin duda nadie había previsto que los controladrones serían capaces de reaccionar cómo lo hicieron; nunca tan pocos habían perjudicado tanto y a tantos, pero llegado el momento la militarización del servicio de controladores y la posterior declaración del "estado de alarma" han sido dos medidas absolutamente efectivas y, tal vez la única manera de hacer entender a estos "niñatos privilegiados" que no pueden chantajear al Estado.
Blanco y Rubalcaba han hablado de "rehenes" y eso es exactamente lo que eran los miles de pasajeros perjudicados; los controladrones saben perfectamente que los pasajeros que no están en su ciudad y a los que se priva de su vuelo se convierten en eso, en rehenes, atrapados a la espera de su vuelo.
Ahora es el momento de la mano dura. Las pérdidas provocadas han sido incalculables así como el daño moral a cientos de miles de ciudadanos. Unos dos mil controladrones han perrjudicado a entre 400.000 y 600.000 (según los cálculos) pasajeros, a la industria turística española, a la imagen de España en el extrajero, etc. Su acción no puede quedar impune.
Jamás tan pocos habían perjudicado a tantos. Por ello su cástigo tiene que ser ejemplar.
Además, en su momento criticamos la designación de José Blanco como Ministro de Fomento, calificando su elección como una de "las peores opciones" [en catalán]. Pero sin duda se ha demostrado mucho mejor ministro de lo esperado.
El último ejemplo ha sido la gestión del chantaje protagonizado por los controladores aéreos (de ahora en adelante, los contraladrones). Se ha criticado del Gobierno la oportunidad de la publicación del Real Decreto que, según los críticos, desencadenó la reacción de los controladrones. Como declaró Rubalcaba, el RD era una respuesta a los "indicios" detectados en algunos aeropuertos del norte de España durante toda la semana, que hacían presagiar un movimiento por parte de los controladrones. Hipotetizar sobre si la huelga salvaje protagonizada por éstos habría tenido o no lugar es un pasatiempo inútil y arriesgado. El hecho innegable es que estos pequeños dictadorzuelos respondieron a un recorte en sus privilegios con una acción salvaje, con una extorsión mafiosa cuyas consecuencias, aunque imposibles de evaluar en toda su magnitud, se sentirán en la economía española durante meses (y quien sabe si el daño será irresparable).
El "problema de los controladores" era un conflicto pendiente de resolver, creado por los sucesivos gobiernos españoles (entre ellos el de Aznar, que presumía de su valor político) y al que sólo José Blanco, seguramente forzado por las dificultades ecónomicas, se ha atrevido a poner fin.
Sin duda nadie había previsto que los controladrones serían capaces de reaccionar cómo lo hicieron; nunca tan pocos habían perjudicado tanto y a tantos, pero llegado el momento la militarización del servicio de controladores y la posterior declaración del "estado de alarma" han sido dos medidas absolutamente efectivas y, tal vez la única manera de hacer entender a estos "niñatos privilegiados" que no pueden chantajear al Estado.
Blanco y Rubalcaba han hablado de "rehenes" y eso es exactamente lo que eran los miles de pasajeros perjudicados; los controladrones saben perfectamente que los pasajeros que no están en su ciudad y a los que se priva de su vuelo se convierten en eso, en rehenes, atrapados a la espera de su vuelo.
Ahora es el momento de la mano dura. Las pérdidas provocadas han sido incalculables así como el daño moral a cientos de miles de ciudadanos. Unos dos mil controladrones han perrjudicado a entre 400.000 y 600.000 (según los cálculos) pasajeros, a la industria turística española, a la imagen de España en el extrajero, etc. Su acción no puede quedar impune.
Jamás tan pocos habían perjudicado a tantos. Por ello su cástigo tiene que ser ejemplar.
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