Ayer nos hacíamos eco de la maniobra oportunista de Esperanza Aguirre, declarando que pretende convertir las corridas de toros en bien de interés cultural. Ni 24 horas después nos enteramos que Valencia y Murcia (ambas gobernadas por el PP) pretenden copiar la "brillante" idea.
Más allá de lo miserable de estos anuncios en este momento y del oportunismo más propio de buitres o hienas que de políticos al servicio de los ciudadanos, un aspecto que me parece especialmente interesante es la deslealtad que han mostrado estos políticos.
Y no deslealtad hacia otras comunidades (algo inimaginable en España), sino hacia su propio partido. Y me explico, según publica hoy El País la decisión de declarar la "fiesta" bien de interés cultural se toma el 25 de enero entre comunidades del PP (Madrid, Valencia...) y del PSOE (Extremadura, Andalucia...).
No sólo eso, al iniciarse el debate sobre el futuro de la "fiesta" en Catalunya, la dirigente del PP en esta comunidad, Alicia Sánchez-Camacho, pidió al resto de sus "colegas" del PP que gobiernan en otras comunidades que tuviesen "tacto" con este asunto para no dañar las expectativas de este partido en Catalunya. La cúpula del PP apoyo esta petición.
Pero ya sabemos que la lealtad no es la principal virtud de Esperanza Aguirre. Así que aprovechó el primer día de debate en Catalunya para erigirse en defensora del toreo, aderezándolo todo con una sesión de fotos totalmente lamentable.
Esperanza Aguirre demuestra así que su único interés es su propio interés personal, estando dispuesta a perjudicar a su propio partido (como ha demostrado en numerosas ocasiones) para conseguir sus objetivos. Y a pesar de todo, en la comunidad de Madrid siguen votándola...

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