En la edición de El País de hoy hay tres páginas enteras dedicadas a la defensa del mundo del toreo. Una página con un artículo sobre la comisión del Parlament de Catalunya que debe decidir sobre si prohibir o no los toros. Otra página con algunos artículos de opinión a favor de los toros (ni siquiera uno a favor y otro en contra, sino dos a favor). Y en la contraportada una entrevista a un empresario del mundo de la tauromaquia.
Entre los defensores del toreo (como en el de los antitaurinos) hay combatientes con más o menos luces. Juzguen ustedes el entendimiento del "torero catalán" Serafín Marín que "tilda de «incultos» y «maleducados» a los antitaurinos más militantes, a los que pide el mismo respeto que él les profesa" [Expansión]. Preguntado sobre la situación del toreo responde "Es evidente que el toreo está en un momento un poquito oscuro. La situación es crítica. Estamos en manos de los políticos. El PP, el PSC y Ciutadans están haciendo un trabajo muy bueno." y la perla de la entrevista (aunque admito que aun no he conseguido entender qué quiere decir) "pero, sin toros, Cataluña sería una manzana que empieza a pudrirse".
Pero en el mundo de los defensores del toreo también hay quienes se erigen en las "voces cultas" de este presunto "arte". Entre ellos se encuentra Fernando Savater. Ya en julio del año pasado, reflexionamos sobre las ideas de Savater sobre los derechos de los animales [Fernando Savater. La cruel ironía de ser progresista]. Ello y su mal disimulado nacionalismo español (aparte de sus ansias de publicidad) hacen lógico que sea un ferviente defensor del toreo. El último ejemplo de esta defensa ha sido el "Manifiesto en defensa de la fiesta" [As].
Entre bobadas como que la dehesa pervive gracias a la presencia del toro de lidia, se encuentran exigencias como "que nadie nos pueda privar de una de nuestras más preciadas aficiones y formas de ocio" (afirmación que sin duda compartirían los defensores de las peleas de gallos, de perros...).
Otra reflexión interesante es aquella en la que "Reconocemos que el toreo ha sido y sigue siendo fuente de inspiración de artistas de todos los tiempos. La creación cultural y artística que toma como punto de partida la tauromaquia así lo atestigua." Lástima que muchos de estos pseudo-progres denostan toda manifestación artística relacionada con la religión católica. Y sin duda ninguno de ellos considera que las grandes obras de la historia de la humanidad inspiradas por la fe católica sean un motivo suficiente para la defensa de ésta.
Es de sentido común (eso que tanto le gusta citar a Savater) que la "fiesta" es un espectáculo anacrónico, totalmente incompatible con los principios de nuestra sociedad.
Parece mentira que personajes como Savater sean tenidos por ciertos sectores por "conciencia" de la sociedad cuando leemos algunas de sus reflexiones:
"Para empezar, no creo que la suerte del toro de lidia sea la más digna de compasión... al menos entre quienes comemos carne de vacas, cerdos o aves de corral y gastamos zapatos y bolsos de piel. Me parece que la vida de los toros y hasta su cuarto de hora final de batalla dolorosa sería envidiada por muchos de los animales que están a nuestro servicio... si pudieran conocerla." [El País]. ¿Cómo puede comparar el sufrimiento de animales con el fin de proporcionarnos alimentación o bienes imprescindibles como ropa, con el sufrimiento de un animal con el único fin de entretener a unos espectadores? Pero es más, si las legislaciones comunitarias, nacionales, autonómicas, se esfuerzan cada vez más en garantizar al máximo el bienestar animal, aun con fines necesarios, ¿no es una gran incongruencia que se permita el "malestar" animal con fines puramente "ociosos"?
Otro punto: "Y tampoco me parece aceptable determinar inapelablemente que el gozo que la corrida produce a los aficionados no sea más que una expresión de regodeo cruel y sanguinario. No es lo mismo disfrutar viendo luchar que disfrutar viendo sufrir: hay códigos de honor y celebraciones simbólicas que pueden no compartirse pero que nadie puede arrogarse la autoridad moral para descalificar sin más." El señor Savater intenta confundirnos (como siempre) con argumentos tendenciosos. No se trata de si el "gozo que la corrida produce" es o no más que "la expresión de regodeo cruel y sanguinario". Se trata de que, incuestionablemente, la corrida conlleva sufrimiento cruel del animal, y este sufrimiento, independientemente de si es o no el único motivo que lleva a los aficionados a las plazas, no es tolerable sin una razón de peso.
Además, igual que la sociedad/la administración/el Estado o como queramos llamarlo persigue cada vez más el sufrimiento animal allá donde se produce (ya sea en granjas, en la naturaleza o en los hogares) así mismo se puede y se debe legislar sobre lo que sucede en las plazas de toros. ¿Por qué extraña inmunidad dice Savater que "nadie puede arrogarse la autoridad moral para descalificar sin más" el toreo?
Otra perla tendenciosa: "A fin de cuentas y lo más importante: se trata de una cuestión de libertad. La asistencia a las corridas de toros es voluntaria y el aprecio que merecen optativo para cada cual. " Poniendonos en el nivel dialéctico de Savater podríamos responder que la asistencia del toro (del sufrimiento del cual trata toda la cuestión) no es voluntaria ni optativa.
Y el último argumento es el más peligroso: "Pero que eso faculte a las autoridades de ningún sitio para decidir desde la prepotencia moral institucionalizada si son compatibles o no con nuestra ciudadanía resulta un abuso arrogante.". Nos hallamos precisamente ahora ante el desafio que supone la integración de millones de inmigrantes que han llegado a nuestro país en poco tiempo. Muchos de ellos tienen costumbres (arraigadas en sus paises) incompatibles con nuestra sociedad. Argumentos como el de Savater son los mismos que los utilizados por los que defienden el "burka", no dar la mano a las mujeres (como el imán de Lleida) o, peor aun, la ablación. Nuestras autoridades deben tener la facultad para decidir sobre cualquier actividad que pueda ser incompatible con nuestra ciudadanía. Y negar esa facultad es muy peligroso.

2 comments:
Pues, personalmente, me parece incompatible la defensea de un presunto derecho de los animles a no sufrir con las distinciones de si su sufrimiento es o no "útil".
Por ello, y porque lo de los motivos que llevan a un aficionado a la plaza sí que me parecen que se tergiversan (no creo que vayan a ver sufrir, sino a ver "luchar", aunque a mí, que no me gustan los toros, tampoco me parezca comprensible esa lucha), con el ánimo de introducir una razón adicional al hecho incontrovertible de que en nuestra sociedad, muchos animales son maltratados conscientemente, y nuestra utilidad o conciencia no les privará de dolor, soy contrario a la prohibición, aunque no creo que nnca me aerque po una plaza. Por último, el concepto de "derechos de los animales" me resulta ajeno. Creo que el ser humano debe tratarlos lo mejor posible para su propio bien, simplemente, pero ningún animal me parece sujeto de derecho.
No obstante, entiendo tu postura, la comparto en varios matices y me parece magníficamente expresada. ha sido muy grato leerte.
Un saludo.
Yo tampoco comparto que todos los afcionados que se acercan a una plaza de toros lo hagan para "ver sufrir", aunque tampoco creo que vayan a "ver luchar", pero ello no cambia en absoluto lo que sucede en el ruedo, y por tanto, no sirve como argumento en defensa de la "fiesta".
Por contra si que considero evidente que existe diferencia entre el sufrimiento de un animal en una granja y en una plaza. El ser humano es un animal omnívoro, y aunque tenemos la opción de ser vegetarianos, lo natural en la especie humano es comer carne y pescado. Por ello es inevitable la existencia de granjas; no así la existencia de la "fiesta", que más allá de su discutible valor folklorico, tradiconal, etc. es totalmente prescindible. Además, las normas de bienestar animal son cada vez más dudas, y es ridículo que, mientras nuestros granjeros son obligados a garantizar ál máximo el bienestar de los animales que crían para nuestra alimentación, se perpetue un espectáculo público donde otros animales son torturados.
Admito que desde mi punto de vista cristiano es evidente que los animales tienen derechos (algo que en algunos sectores de la Iglesia se niega). Pero también entiendo que desde un punto de vista "estrictamente evolucionista" se debería considerar a los animales como nuestros iguales, y por tanto, defender con más ahínco sus derechos.
De todos modos, le agradezco su interesante aporte.
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