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Friday, December 23, 2011

José Ignacio Wert contra la prohibición de los toros en Catalunya

La hemeroteca nos proporciona otra prueba del bajo nivel con que se presenta el nuevo ministro de Cultura y Deporte, esta vez en relación con la prohibición en Catalunya de la "fiesta nacional":

"La tribuna de invitados del Parlamento de Cataluña, abarrotada, como la plaza del dúo Sacapuntas, pero en este caso de antitaurinos de vario pelaje, prorrumpe en una atronadora ovación. Benach, el presidente de la Cámara, sonríe beatífico y, ruega, en voz muy baja, un poco de orden, sin que sus ojos oculten la complicidad con los aplaudidores que violan el artículo 186 del Reglamento del Parlamento. En vano. Buen número de diputados y diputadas, a su vez, se vuelven a aplaudir y a jalear a quienes desde la tribuna de invitados se ciscan en la norma que ellos mismos se han dado para regular la vida parlamentaria.

Pero se entiende. ¿Cómo parar mientes en tiquismiquis legalistas ante un paso en la Historia de la Humanidad como el dado por 68 votos (32 de CiU, 21 de ERC, 12 de IC-V, y tres socialistas) que erradica las corridas de toros en Cataluña? Emociones así sólo se viven una vez en la vida.

Es posible que el primer motor de la Iniciativa Legislativa Popular aprobada por el Parlamento sea una sensibilidad hacia la llamada tortura a los toros, que respeto absolutamente, pero que no comparto en absoluto. Creo que la vida de un toro de lidia es envidiable si se compara, por ejemplo, con la de sus congéneres domésticos. A cambio de 15 minutos agónicos el toro vive siempre en libertad, cuando el buey de carne vive estabulado; el toro se alimenta solo de hierba, lo que más le gusta, frente al buey, que debe conformarse con pienso; el toro vive entero y no castrado como el buey. Pero reconozco que no soy toro de lidia (ni, por otra parte, buey de carne) y no estoy en condiciones de hacer el 'trade-off' entre una y otra vida, una y otra muerte.

Ahora bien, de lo que no tengo la menor duda es de que el impulso político que arrastra a los diputados del 'no' tiene que ver con los llamados derechos de los animales lo que con el arroz con leche. Si pusiéramos toda nuestra conducta respecto a los animales bajo el estándar de exigencia aplicado a los toros, la consecuencia es que todos deberíamos ser veganos por obligación. ¿O es que el estrés que los etólogos han demostrado que sufre el ganado antes del sacrificio vale menos que los puyazos?

No va por ahí la cosa. La prohibición de los toros en Cataluña es pura política de desidentificación. No basta con afirmar la identidad cultural propia, no llega con la sardana, los 'castellers' o los 'caganers' del Nacimiento. No. Es preciso desterrar todo lo que resuene a patrimonio simbólico y cultural compartido: la Fiesta Nacional, Paquito el Chocolatero, y otras adherencias cutres de la bárbara España. El que no lo quiera ver, como Zapatero, y se trague (o diga que se traga) la milonga animalista, allá él. Pero esto va de lo que va. De 'Adéu Espanya', mayormente. Y, si no, al tiempo."
[José Ignacio Wert, en La verdad el 02/08/2010]

Monday, August 2, 2010

Protaurinos

En los últimos días todos hemos podido sufrir los argumentos de los protaurinos, a raiz de la prohibición del Parlament de Catalunya. Lo excepcional del caso, más allá de que estemos de acuerdo con la prohibición o no, es la pobreza de los argumentos de los protaurinos. Estamos acostumbrados a la demagogía practicada por algunos sectores del ecologismo y que aquí hemos criticado [Ecologismo y coherencia]. Pero ciertamente lo de los amantes de la "fiesta" ha llegado a niveles ridículos. Pero no resulta excesivamente sorprendente, si tenemos en cuenta que las voces más "autorizadas" que defienden el toreo escriben estupideces como las de Fernando Savater [Fernando Savater y su pasión por los toros].

Desde mi punto de vista, la cuestión es evidente; si partimos de la base de que se deben respetar los derechos de los animales, la mal llamada "fiesta nacional" no tiene lugar a ser. Es una simple cuestión de coherencia: se han creado multitud de leyes para proteger los derechos de los animales, se ha obligado al sector ganadero a realizar inversiones millonarias en nombre del bienestar animal; y al mismo tiempo, se permite un espectáculo cuyo fin es la muerte de un animal. Es un simple hecho de coherencia. Otra cosa es que pretendamos discutir si los animales tienen derechos o no. Es este, probablemente, el único punto donde Fernando Savater, demuestra un poco de coherencia; él parte de la base de que los animales no tienen derechos, con esta premisa, se puede discutir si la "fiesta" tiene sentido o no.

Pero la mayoría de defensores de la "fiesta" no entran a discutir sobre los derechos de los animales, seguramente porque es políticamente incorrecto o tal vez, porque desde cualquier punto de vista, es una estupidez (como demostraremos después).

Así pues los argumentos más recurridos por los protaurinos són que se trata de un "arte" y de una "tradición". Es sorprendente que alguien que recurrentemente está dando lecciones de moralidad social, como Savater, utilice cuando le conviene argumentos tan insostenibles como la calificación de "arte". Es de sentido común que el Estado no puede permitir o prohibir nada en función de que alguien (minoría o mayoría) lo califique de "arte". En mi opinión, la "fiesta" es un lamentable espectáculo tercer mundista, propio de una sociedad subdesarrollada, pero no por ello el Estado debe prohibirlo; el Estado no puede permitir el toreo porque haya quien lo considere un "arte" como tampoco debe prohibirlo porque haya quien lo considere una "barbaridad". Algo tan evidente como esto, parece más allá de la comprensión de muchos protaurinos.

También utilizan el calificativo de "tradición" y en nombre de esta palabra pretenden convertir el toreo en algo "sagrado". Es también evidente que no se puede legislar en función de lo que es una "tradición" o no. Y de hecho, el mismo Fernando Savater, como buen anticlerical, está a favor de la supresión de los elementos religiosos de la sociedad, a pesar de tratarse de una tradición.

Ya en el terreno de la pura demagogía tenemos argumentos como los que comparan acudir a la "fiesta" con comer carne, o incluso con "disfrutar comiendo carne" (sic). Esta comparación la tratamos ya en el artículo sobre Savater y el toreo; podríamos resumirlo diciendo que mientras no se demuestre que el ser humano no necesita alimantarse, y que es un animal omnívoro, esta comparación no merece dedicarle ni un sólo segundo.

En niveles aun más demagógicos, tenemos comparaciones como la establecida entre la "fiesta" y los "castellers"; este aborto de argumento vendría a decir algo así como que, si se prohiben los toros también tendrían que prohibirse los "castellers" por crueldad contra la infancia, porque se permite subir a niños (los "anxanetes") hasta la cima de los "castells". Las diferencia son innumerables, pero citemos algunas: en primer lugar, els castells tiene como fin lograr levantar y descargar un castillo humano (y sólo ocasionalmente y accidentalmente -no es lo pretendido- termina con caidas -que además muy raramente tienen consecuencias); al contrario que el toreo cuyo fin es siempre la muerte del toro. Además existe una legislación de defensa de la infancia; según la cual si alguien presentase una denuncia contra los padres de alguno de los niños, un juez la estudiaría para determinar si existe o no delito; los castellers no constituyen pues una excepción en la legislación vigente actual como sí lo constituye la "fiesta".

Al final toda la única discusión posible es acerca de si los animales tienen o no derechos. Mientras la sociedad considere que los animales siguen teniendo derechos, la "fiesta" nacional no tiene cabida en ella, excepto, claro, si el Estado sigue manteniedo una doble moral al respecto.

En el Parlament de Catalunya se escenificó perfectamente el nivel de los argumentos de favorables y contrarios al toreo. Mientras uno argumentaban en contra del toreo, los otros se limitaban a repetir que se trataba sólo de una cuestión política. Incluso si aceptasemos que fue así (cosa totalmente falsa) los contrarios a la "fiesta" demostraron tener otros argumentos, cosa que los favorables no consiguieron hacer.

Doble moral


via Acudits.net - Gràcies a K